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El color de mis sueños
EL VIAJE DE LAS IDEAS NÓMADAS

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Sueño que vuelo por el azul celeste, buceo a pulmón en el azul marino y entre el azul de las montañas te veo, príncipe, azul eléctrico.

Ser dormilona me ha venido muy bien a la hora de entrenarme para llegar a tener sueños lúcidos. Ser consciente de que estás soñando te ofrece la posibilidad de experimentar cosas que en la vida despierta no nos atreveríamos a hacer. Por ejemplo bajar siete pisos por las escaleras con grandes zancadas flotantes de rellano en rellano, ejem, entre otras cosas.

Sin embargo, no podría asegurar si mis sueños son en escala de grises, RGB o en color indexado…

Quizá por esto siempre me ha fascinado y confundido a partes iguales este cuadro de Miró titulado “Este es el color de mis sueños”. Él lo tendrá claro, pero yo no puedo evitar hacer mi particular análisis de la obra:

“El cuadro representa el momento en que Joan despierta de una plácida noche de vuelos y buceos oníricos y, a todo el mundo le puede pasar, al lado de su boca abierta amanece un charquito de baba. Decide conservar el almohadón en su álbum de fotos. Nace así el scrapbooking.”

Joan Miró. 1925. Ceci est la couleur de mes rêves.

Resolver el enigma del color de los sueños se podría comparar al de descifrar a qué huelen las nubes.
No sé… ¿a jabón de Marsella?

Perdonad pero si no aprovecho este sol no me va a dar tiempo a que se sequen las almohadas.

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En fin, no es que tenga nada en contra de soñar en blanco y negro (a las fotos de Mapplethorpe les queda muy bien) pero creo que, y habrá alguien que esté de acuerdo conmigo, los colorines molan más.

Así que, como dice el dicho: “Si no lo tienes, lo pintas”.

indigo

Hay veces que uno tiene la oportunidad de volar a lugares de ensueño (y no sólo en sueños). Lugares donde los colores son tan intensos y preciosos que es inevitable traérselos consigo, en la retina y en la mochila.

Yo es que llevaba tiempo queriendo utilizar tintes y en Marruecos los encontré. En estos botes que veis junto al amigo Salim estaban los colores de mis sueños.

Me traje índigo para ser una noche Tuareg del desierto.

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Y también una enorme bouganvilla en la que duerme un pavo real.

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O la menta para bañarme tres veces en té bereber .

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Y la cúrcuma para ser el sol que ilumina.

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Y cuando desperté ¡los sueños habían impregnado las sábanas blancas! ¡Mi sueño hecho realidad!
¿O no había sido un sueño?…

Tengo que contarlo, yo esto ya lo había imaginado… No sé por qué, un día quise hacer cojines. Un día hace muchos muchos días se lo conté al amigo Carlitos. Tiene una empresa de mudanzas y me dijo que él tenía un montón de almohadas que no iba a usar. Me pareció una señal, le pedí que me las guardara unos días, las reciclaría para hacer mis primeros cojines. El buenazo de él me las ha guardado cosa de dos años, tampoco son los primeros que hago, pero estoy segurísima de que tenía que ser así.

Y también tengo que contarlo. La especie invasora del edredón nórdico ha esquilmado la población de ajuares en las casas. Estas sábanas de algodón estaban replegadas cuidadosamente en un cajón, aguardando no se sabía muy bien a qué. Yo creo que a mi, no cabe duda.

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Deshechas como nubes tras la lluvia de la lavadora, las almohadas ya formaban parte de otra realidad, de otro sueño.

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tinte-shibori-menta-dos

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Dicen por ahí que cuando se está imaginando o soñando el cerebro no distingue si esto está sucediendo en la “realidad” o no, ya que las sensaciones producidas se gestionan de igual manera.

¿Quién no se ha despertado llorando por un sueño?

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